Esta primera década con gente viviendo en el espacio marca la mitad de la planificada vida de la EEI, sin embargo no dudamos que este impresionante ejemplo de la evolución tecnológica humana se mantendrá en órbita por mucho más timepo que el planificado, aunque sea con inquilinos roboticos.
25 de octubre de 2012
Primeros habitantes de la Estación Espacial Internacional
Esta primera década con gente viviendo en el espacio marca la mitad de la planificada vida de la EEI, sin embargo no dudamos que este impresionante ejemplo de la evolución tecnológica humana se mantendrá en órbita por mucho más timepo que el planificado, aunque sea con inquilinos roboticos.
¿Cómo se buscan extraterrestres?
Actualmente, hay tres procesos a la hora de buscar vida en el exterior:
Búsqueda directa:
Se basa en el estudio de cualquier tipo de rastro físico (huellas, fósiles, bacterias) en los planetas que, obviamente, el ser humano puede alcanzar. De momento solo tenemos acceso al algunos de los planetas de nuestro sistema. Algunos de los descubrimientos más importantes son, por ejemplo, la existencia de agua en Marte o la expulsión de este elemento en géiseres de una luna de Saturno. Además están puestos en duda unos fósiles, de los que podrían ser de bacterias, en un meteorito proveniente de Marte.
Búsqueda indirecta:
Se basa en la mera observación mediante telescopios avanzados de cuerpos celestes, en búsqueda de los que posean características similares a la Tierra y que permita así la vida. En la actualidad la capacidad de descubrir planetas se ha incrementado bastante, aunque todavía no se tiene la tecnología necesaria para fotografiar a estos cuerpos. También hay quien cree que este método servirá en el futuro para descubrir mundos paralelos.
Escucha de señales artificiales:
Otro método también usado, consiste en el intento de percibir algún tipo de señal electromagnética (en principio artificial) mediante el uso de herramientas de larga distancia. Hasta la fecha solo se ha percibido una señal, la llamada "señal Wow!", aunque los estudios apuntan a que lo provocó algún satélite humano.
Por otro lado, la humanidad ha enviado señales al espacio exterior como satélites con información de nuestra raza o señales electromagnéticas a destinos aleatorios.
Teoría Heliocéntrica
El primer hombre en la historia que propuso el sistema heliocéntrico —según el cual la Tierra gira alrededor del Sol en un año y sobre su propio eje en un día— fue Aristarco de Samos, quien vivió en Alejandría en el siglo III a.C.
Pero más adelante, en 1543 d.C. el astrónomo Nicolás Copérnico publicó un libro llamado "La Revolución de las Esferas Celestes", donde da a conocer su teoría. Ésta determinaba que el sol estaba colocado en el centro y todos los planetas se ubicaban a su alrededor. También afirmaba que los planetas tenían movimientos circulares uniformes. La teoría de Copérnico postulaba un universo geocéntrico en el que la Tierra se encontraba estática en el centro del mismo, rodeada de esferas que giraban a su alrededor.
Dentro de estas esferas se encontraban (ordenados de dentro hacia afuera): la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno y, finalmente, la esfera exterior en la que estaban las llamadas estrellas fijas. Se pensaba que esta esfera exterior fluctuaba lentamente y producía el efecto de los equinoccios.
El alemán Johannes Kepler descubrió que las órbitas de los planetas eran elipses observando el planeta Marte, y comparando estas observaciones con anteriores realizadas por el astrónomo dinamarqués Ticho Brahe. Este alemán también descubrió las leyes del movimiento planetario.
El italiano Galileo Galilei observó por primera vez, manchas en el sol, cráteres en la luna, los grandes satélites de Júpiter y los anillos de Saturno, que no llegó a distinguir con precisión. Al descubrir las fases del planeta Venus, descubrió experimentalmente que éste giraba alrededor del sol. Este fue el argumento decisivo para confirmar la teoría de Copérnico.Dentro de estas esferas se encontraban (ordenados de dentro hacia afuera): la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno y, finalmente, la esfera exterior en la que estaban las llamadas estrellas fijas. Se pensaba que esta esfera exterior fluctuaba lentamente y producía el efecto de los equinoccios.
Planetas del Sistema Solar
Los planetas son cuerpos que giran formando órbitas alrededor de la estrella, tienen suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuman una forma en equilibrio hidrostático (prácticamente esférica), y han limpiado la vecindad de su órbita de planetesimales (dominancia orbital).
Los planetas interiores son Mercurio, Venus, la Tierra y Marte y tienen la superficie sólida. Los planetas exteriores son Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, también se denominan planetas gaseosos porque contienen en sus atmósferas gases como el helio, el hidrógeno y el metano, y no se conoce con certeza la estructura de su superficie.
Los ocho planetas del sistema solar son: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Leyes de Kepler
Después de cálculos que duraron muchos años y de renunciar
al concepto equivocado respecto a la forma circular de los movimientos
planetarios, Kepler enunció sus famosas leyes:
- Todos los planetas se mueven por órbitas elípticas en uno de cuyos focos (común para todos) se encuentra el Sol.
- El radio vector de cada planeta barre áreas iguales en tiempos iguales. Se dice también que la velocidad areolar de cada planeta es constante.
- Los cuadrados de los periodos de revolución de los planetas (tiempo que tardan en dar una vuelta alrededor del Sol) son proporcionales a los cubos de los semiejes mayores de sus órbitas.
Para entender y visualizar las leyes adecuadamente, nada mejor que un buen vídeo:
NOTA :
Se llama elipse a la curva cerrada y plana. Los focos de la elipse son dos
puntos y respecto de ellos, la suma de las distancias a cualquier otro punto de
la elipse es constante.
24 de octubre de 2012
El hombre llega a la Luna
Fue un viaje temerario a otro mundo. Un salto al vacío en un territorio extraterrestre sin atmósfera. El 16 de julio de 1969, los tripulantes del Apolo 11 sólo sabían con certeza a dónde pretendían llegar, pero tenían muchísimos motivos para preguntarse si volverían a pisar su propio planeta. Hoy, cuando se cumplen 43 años desde que Armstrong, Aldrin y Collins culminaran su extraordinaria hazaña. De hecho, los astronautas del Apolo 11 han reconocido que emprendieron el viaje sabiendo que sus probabilidades de llegar a la Luna con éxito y regresar vivos a la Tierra eran de en torno al 50%.
La apuesta de la NASA fue arriesgadísima, y múltiples factores podían haber convertido la misión en un trágico fiasco, ante 600 millones de telespectadores. Aunque al final Armstrong logró dar su «pequeño paso para un hombre, y gigantesco salto para la Humanidad», hoy sabemos que los astronautas padecieron graves dificultades.El momento más dramático ocurrió durante el delicadísimo descenso sobre la superficie lunar, cuando el ordenador del módulo que pilotaban Armstrong y Aldrin sufrió una sobrecarga, y saltó una alarma. Los astronautas preguntaron a Houston si debían abortar la operación y el centro de control tardó un eterno, angustioso minuto en contestar que ignorasen la alerta. Fue entonces cuando Armstrong se dio cuenta de que el módulo se había desviado del lugar previsto para el alunizaje, y que se dirigían a un inmenso cráter lleno de rocas que podrían destruir las patas de la nave e impedirles salir de allí. Pero el veterano piloto de guerra mantuvo la sangre fría, cogió los mandos del aparato, y logró posar la nave con suavidad en una zona plana y despejada, cuando ya sólo quedaban 30 segundos de combustible.
No es de extrañar, por lo tanto, que cuando Armstrong pronunció las míticas palabras «Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado», el controlador en Houston confesara que allí estaban «al borde del infarto» y gritó aliviado: «¡Volvemos a respirar!». Así, gracias al valor, el temple y la inteligencia de aquellos pioneros del Cosmos, la visión de Kennedy se hizo realidad, y como dijo Aldrin, la misión del Apolo 11 fue, y será siempre, «un símbolo de la insaciable curiosidad del hombre para explorar lo desconocido».
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